Hay un cliente en tu cartera que paga puntual, que nunca te ha gritado, que incluso te ha referido a alguien.
Y cada vez que ves su nombre en el teléfono, algo se te aprieta en el pecho.
Ese cliente no te debe nada en papeles. Pero te está cobrando en algo que ninguna factura mide: el tiempo mental. Las noches en que se te cruza su último mensaje mientras intentas dormir.
La hora que tardas en escribir dos líneas porque sopesas cada palabra. El domingo desayunando con tu familia en el que estás mentalmente en una reunión que aún no ha pasado.
Eso no aparece en su transferencia. Pero te lo está cobrando con horas que no vas a recuperar.
Haz el ejercicio. Piensa en el proyecto más difícil de los últimos dos años. Suma honestamente las horas que ese cliente te robó pensando en él fuera del trabajo. Multiplícalo por tu tarifa. La mayoría descubre que el cliente "rentable" era un cliente a pérdida.
David Ogilvy despedía clientes. No a los morosos. A los buenos pagadores que dejaban a su equipo sin energía para los clientes que sí valían.
Cada cliente tóxico que mantienes le roba el oxígeno a los otros.
Estás financiando la mediocridad con tu excelencia.
Que alguien te pague no significa que te valore. Comprarte no es lo mismo que valorarte.
— Rafa
Si quieres que te enseñe personalmente a crecer tus ventas, contáctame
